1/9/15

Sólo había aire - #ProyectoParaDos

Antes de empezar a leer, debes visitar el blog de Emily Broken Rose para leer la primera parte de nuestro relato: Sueños oscuros. Este relato participa en el Proyecto Para Dos de Reivindicando Blogger. Himno, tardía, armonía, enorme y luminoso.  




Era de noche. Muy de noche. Apenas podía ver nada. La sintonía que sonaba incesante en su cabeza volvía a no dejarla dormir.

—Cállate. Para, por favor.

Aquel gato gris, ese que sabía que no existía, le miraba desde la mesita. Incluso juraría que lo había oído maullar. Se estaba volviendo cada día más loca. Pegó un grito de terror cuando vio de nuevo el cuerpo de la niña, tumbada, a su lado. Estaba recostada, y yacía apoyada sobre su codo derecho, mirándola. Tenía todo el cuerpo goteado de sangre, y un reguero del mismo líquido que le hacía un enorme círculo cerca de sus pechos.

—¿No puedes dormir? —le dijo con una voz aguda pero contundente, tanto que resultaba muy difícil creer que todo era producto de su mente.

Le temblaban los labios por el miedo. Aquella niña le estaba hablando. Y esperaba una respuesta, con sus inocentes ojos verdes, con su luminoso rostro, que casi seguía siendo de porcelana, aunque estaba corrompido por la descomposición.

—No me dejas dormir. —Aquella frase salió de su garganta, pero fue inconscientemente. Ni siquiera estaba segura de que fuera suya, pero asumió que así era cuando descubrió su boca abierta y su lengua moviéndose—. Vete, vete, vete de una vez. Déjame dormir.

 —¿Es que ya no me quieres? —Reagan, harta, dio un manotazo al aire, pero que en realidad iba dirigido al vientre la niña. La silueta de su acompañante tembló, haciendo ondas desde su estómago a todas las partes del cuerpo, hasta que terminó de desaparecer. Reagan resopló, agradecida y aliviada. Cerró los ojos un momento y se secó el sudor de la frente. Cuando volvió a abrirlos, la niña volvió a mirarla, como si no hubiera pasado nada. Como si no hiciera tres segundos que había desaparecido.

—¡Vete! —gritó desesperada, saltando de la cama por el lado en el que reposaba el cuerpo de la niña. De nuevo, en vez de pisar sobre carne, sólo palpó aire.

Corrió por el estrecho pasillo hasta la puerta, y pasó sus dedos con avidez sobre su relieve de madera. La música de su cabeza cambió, se volvió más fuerte, más densa, con una armonía más barroca y casi sin melodía. Ya no era un simple himno, sino un preludio a lo que estaba pasando. Como si su cabeza pudiera prever lo que se iba a encontrar al cruzar el marco de la puerta. Sin prestar más atención, asió el pomo con fuerza con una mano y con la otra tiró del cerrojo hasta abrirlo. Dio un portazo al cerrar y bajó las escaleras a trompicones.

La puerta del bloque donde se hospedaba estaba abierta —menos mal— y le permitió salir a la calle con más rapidez. Como era de esperar, la carretera estaba vacía y sólo pudo ver un par de coches aparcados en la calzada.

Al girar la esquina, sintió unos brazos fuertes que le apresaban en la boca y en la cintura. Intentó gritar, pero la mano que le rodeaba no le dejaba abrir los labios. Durante su segundo se dejó hacer y se permitió respirar hondo y calmarse. Un instante después, intentó resistirse y lanzó una patada contra la entrepierna de su cazador. Al hacerlo, sintió que toda la fuerza que la tenía agarrada se esfumaba. Se giró, esperando encontrarse con el agresor cara y cara, pero sólo vio la calle desierta y una sombra que desaparecía en el aire.

Se le escapó una lágrima.

Siguió corriendo, sin rumbo. No tenía adonde ir, y mucho menos a aquellas horas de la noche. Unos murciélagos le chillaron desde una cornisa, tres pisos más arriba del suelo.

—Vuelve —le soltó una voz, a sus espaldas.

Encontró el rostro blanquecino de su gemela.

—¡Déjame!

No podía más.

Y tuvo que acudir a su último recurso.

Hurgó en el bolsillo de su chaquetón oscuro, con cuidado, y sacó un objeto. Un puñal largo y afilado se percibió entre sus manos.

—¡Qué haces! ¡Loca! ¡Detente! —le chilló su hermana, aunque oyó aquella voz sólo en su cabeza.

Tenía razón, estaba loca. Y en un acto de pura locura, Reagan arremetió contra su hermana, cuchillo en mano. La atravesó como una cortina de humo. Otra vez aire.

—Para.

Pero no iba a parar.

Reagan agarró de nuevo el puñal, y lo giró, apuntando hacia su propio vientre.

Y, en un segundo, las dos hermanas tenían una herida en estómago que les manchaba de sangre. Ahora estaban las dos muertas, como debían estar. 

8 comentarios:

  1. OH, DIOS, OH, OH, OH, DIOOOOOOOS.
    ES TAN WILLIAM WILSON QUE ME QUIERO MORIR. TENGO EL CORAZÓN A MIL POR HORA. GRACIAS POR ESCRIBIR ESTO, POR FAVOR. GRACIAS. JODER, OS QUIERO. DIOS, ME ENCANTA.

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  2. Como le he dicho a Emilia, ¡que mal cuerpo por el amor de Lucifer!
    No decepcionais ninguno de los dos, eso seguro, pero no me esperaba esto de vosotros y me ha sorprendido mucho, muchísimo. Es brillante, como no podría ser de otra forma viniendo de dos mentes como las vuestras.

    Besos de pera,
    VAN.

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  3. Un final muy acorde a la historia, sí señor. Toda la tortura psicológica del gato, el violinista y su hermana muerta, junto a la propia de Reagan al ser, deduzco, la causante de la muerte de su hermana... no podrían haber llevado a un final muy distinto a este.
    Me ha gustado el relato, sí, y la huida por la calle la he podido imaginar perfectamente.
    ¡Un abrazo!

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  4. Vaya, me ha impresionado. Me ha gustado muchísimo.
    Es desolador, cada detalle hace del relato algo maravilloso.
    Hacéis un equipo increíble. Me encantaron ambas partes.
    Como le dije a Em, me he metido de lleno en el relato. He sentido la desesperación, incluso el terror.
    De verdad, magnífico.
    Un beso enorme,
    Ara.

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  5. Un gran final, ciertamente. La segunda parte es igual de buena que la primera (y qué imágenes!!)

    Me saco el sombrero.

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  6. Escribid más juntos. Enserio. Este relato es maravilloso, una obra de arte. Dios si hasta he pensado que estaba ahí mismo, usáis las palabras con mucho acierto y profundidad. Espero seguir leyendo relatos como este *-* Felicidades Paco y Emily :)
    Un fuerte abrazo,
    María
    P.D. Me encanta el nombre de la protagonista, Reagan.

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  7. Estremecedor. Buen final, ambos relatos se mantuvieron en el mismo tono. Muy buenos ambos. Felicitaciones por el resultado :D

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  8. Terror psicológico, el que a mi me gusta xp
    Me encanta Reagan, torturada por su pasado y me encanta la forma en la que está escrito. Muy gráfico, te lo imaginas perfectamente y... te da miedo xd
    Genial :)

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relampaguea